Es difícil, pero lo saludable es comer y beber sin endulzar los alimentos, siguiendo las indicaciones de la dieta mediterránea. Una de ellas, y es por todos sabido, dice que debemos evitar el azúcar, pero ahora además los nuevos estudios confirman el impacto dañino de los edulcorantes artificiales sobre la salud cardiovascular.

Los doctores Francisco Gómez Delgado y Pablo Pérez Martínez, miembros de la Sociedad Española de Arteriosclerosis (SEA) y de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) han publicado una revisión de las principales evidencias científicas sobre los edulcorantes artificiales, mostrando que, lejos de incidir positivamente en nuestra salud, tienen “efectos negativos para el sistema cardiometabólico”.

El documento, coordinado por ambos investigadores, ha sido publicado en la revista Current Opinion in Cardiology bajo el título “Artificial sweeteners and cardiovascular risk”.

Los edulcorantes artificiales impactan en la salud cardiovascular

Concretamente, se trata de un trabajo que recopila las evidencias más recientes y que analiza cómo el consumo de edulcorantes artificiales incide sobre el desarrollo de la obesidad y otros factores de riesgo cardiometabólicos, como la hipertensión, la dislipemia, que es la alteración de los niveles de grasas en sangre como el colesterol, la diabetes mellitus. Todo ello puede influir en el desarrollo de eventos cardiovasculares.

Inciden en el desarrollo de obesidad

Inicialmente, el consumo de edulcorantes artificiales se presentaba como una alternativa al azúcar, para reducir el aporte calórico en la dieta, por lo que se había establecido como una opción especialmente interesante en personas con sobrepeso y obesidad, tal y como apuntan los autores.

Los edulcorantes artificiales aumentan el riesgo cardiovascular.

Los edulcorantes artificiales aunque no aportan calorías, aumentan claramente el riesgo cardiovascular. Infografía de la Sociedad Española de Arteriosclerosis (SEA).

Sin embargo, paradójicamente, el consumo de edulcorantes artificiales tiene un efecto perjudicial sobre el organismo que favorece que ganemos peso y comamos más. Al parecer, producen “un incremento ponderal derivado de distintos mecanismos a nivel neuroendocrino, relacionados con la saciedad, y que se activan de forma anómala tras ser consumidos”, se indica en el documento.

Las razones por las que estos mecanismos tienen un efecto negativo se explica en tres puntos clave:

  1. Los edulcorantes dietéticos, en comparación con el azúcar, tienen la propiedad de potenciar el sabor dulce sin aportar calorías y esto tiene implicaciones sobre los efectos que tienen respecto al apetito.
  2. La clave está en nuestros receptores del sabor dulce en la boca, donde estos edulcorantes dietéticos potencian el estímulo y la sensación dulce percibida, intensificando los mecanismos de respuesta neuro hormonal y endocrinos que nos preparan para la ingesta de alimento.
  3. Sin embargo,  y aquí viene lo importante, no se llega a producir una ingesta calórica consecuente con el estímulo percibido, por lo que, a nivel cerebral, se retrasa la sensación de saciedad. «Esto favorece que acabemos consumiendo más calorías como mecanismo, por así decirlo, compensatorio”, precisa el doctor Francisco Gómez Delgado, Facultativo Especialista de Área de Medicina Interna, de la Unidad de Riesgo Vascular, en el Hospital Universitario de Jaén.

Por tanto, los dos autores del estudio excluyen “el beneficio que estos edulcorantes pueden tener sobre el control del peso” y señalan que “no pueden ser una alternativa a otras medidas nutricionales más saludables como el consumo de productos de origen vegetal, la reducción de consumo de alimentos procesados y la realización de actividad física regular”.

Aumentan el riesgo de la diabetes mellitus tipo 2

Así mismo, el consumo de edulcorantes artificiales genera importantes disrupciones en el sistema endocrino, que dan lugar a un funcionamiento anómalo de nuestro metabolismo. De esta forma, el estudio de los investigadores constata que el consumo de edulcorantes artificiales incrementa entre un 18% y un 24% el riesgo de desarrollar diabetes mellitus tipo 2 e incluso hasta un 44% de desarrollar síndrome metabólico.

Por cada dosis de producto edulcorado aumenta el riesgo para nuestra salud.

Por cada dosis de producto edulcorado aumenta el riesgo para nuestra salud. Infografía de la Sociedad Española de Arteriosclerosis (SEA).

El síndrome metabólico es el conjunto de factores que se presentan al mismo tiempo y nos ponen en riesgo de sufrir una enfermedad cardíaca, la diabetes tipo 2 y un accidente cerebrovascular. Entre estos factores o trastornos debemos considerar la presión arterial, niveles de azúcar en sangre altos, grasa abdominal y alrededor de la cintura y el colesterol alto.

En el caso de la diabetes, el consumo de edulcorantes artificiales provoca alteraciones en la microbiota intestinal, y un incremento de la secreción de insulina. Todo ello genera el escenario perfecto para el desarrollo de la enfermedad.

“Existen pruebas suficientes que nos permiten establecer que el consumo de edulcorantes artificiales interfiere de forma negativa en nuestro metabolismo, en especial en el metabolismo de la glucosa, aumentando el riesgo de desarrollar diabetes mellitus tipo 2”, indica el doctor Francisco Gómez Delgado, principal autor de este trabajo.

Sigue la dieta mediterránea, con productos naturales y sin edulcorar.

Sigue la dieta mediterránea, con productos naturales y sin edulcorar.

La dieta: mediterránea y con alimentos naturales

Ante esta realidad, ¿qué podemos hacer? Además, de reservar tartas y caprichos dulces para días especiales, ¿hay alguna forma de endulzar nuestra alimentación sin poner en riesgo la salud?

El doctor Francisco Gómez Delgado señala que “no se puede recomendar una estrategia totalmente “saludable” para endulzar los alimentos. Debemos priorizar el consumo de alimentos no procesados y de origen vegetal, restringiendo el aporte calórico del azúcar a menos del 10% de las calorías totales de la dieta”. Por lo tanto, las claves para cuidar la salud cardiovascular son:

  • Adoptar una alimentación saludable, basada en la dieta mediterránea, y en la que consumamos los productos de forma natural.
  • Apostar por el sabor sin aditivos. El dulzor sano es aquel que es propio de una naranja o de una fresa de temporada y en su punto óptimo de madurez.
  • Escoger la miel, ocasionalmente y con mesura. Siempre y cuando sea natural y en unas cantidades adecuadas, puede ser una alternativa al consumo de azúcares más refinados y procesados. El azúcar que contiene tampoco es aconsejable, pero aporta micronutrientes positivos.
  • Evitar los refrescos, bollería y otros productos edulcorados. La SEA además indica que por cada dosis de producto endulzado que ingerimos, aumenta el riesgo de evento cardiovascular.

Sobre los edulcorantes artificiales, el doctor Pérez Martínez concluye que “necesitamos evidencias más sólidas para tomar un posicionamiento claro sobre el consumo de este tipo de edulcorantes y su efecto perjudicial para la salud. Mientras tanto, lo ideal sería limitar su consumo o incluso evitar añadir edulcorantes artificiales al café o las infusiones”.

Las evidencias nos dejan cada vez más claro que el consumo de alimentos procesados y que contengan edulcorantes artificiales o dietéticos son perjudiciales para la salud y debe evitarse su consumo. Los doctores también apuntan que es necesaria una adaptación de la legislación vigente que permita minimizar su impacto sobre nuestra salud.